AGOSTO – MES DE LA SOLIDARIDAD

Año 2020

¿un año de gracia del Señor?

 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción.
Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos,
a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.
Lucas 4,18-19

 

 

Deseamos compartir con ustedes este subsidio profundizando la reflexión “De Babel a Pentecostés”, a la luz de la propuesta sobre la solidaridad.

Decíamos en aquel aporte, que en los Hechos de los Apóstoles (2,42-47) se nos regala la descripción de la vida de las primeras comunidades cristianas en donde todo lo compartían en clave de fraternidad, descubriendo en el más necesitado el rostro de Cristo sufriente. Deberíamos aprovechar este tiempo para fortalecer la conciencia de que la vida durante la post pandemia es responsabilidad de todos y de cada uno de nosotros.

 

 

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Otro mal que se suma a la corrupción es la impunidad

Otro mal que se suma a la corrupción es la falta de una sanción social y legal a ese modo de proceder.

Homilía de la Misa radial (26. 07. 20)

 

 

Como todos los domingos, el contenido de la Palabra de Dios que acabamos de escuchar es muy rico. Cada lectura es verdaderamente preciosa y llena de luz para nuestros corazones, para nuestra vida concreta, la de cada día y de cada momento.

En el texto del libro de los Reyes, que ha sido proclamado en primer lugar, escuchamos la oración del joven rey Salomón. Una plegaria muy hermosa y que expresa una enorme humildad.

Salomón sabe y reconoce que ha llegado a ser rey por un don gratuito de Dios, siendo que él es apenas “un muchacho”, un joven relativamente inexperto. La humildad es la verdad, decía santa Teresa de Jesús. Aquí el rey reconoce a fondo su verdad y desde ella eleva su petición.

La súplica de Salomón tiene por objeto pedir a Dios la sabiduría necesaria para gobernar. La sabiduría es mucho más que la simple inteligencia, supone una mirada integral de la realidad, atiende al conjunto de las cosas y va unida también a la ecuanimidad para juzgar, tarea importantísima para los reyes en el antiguo Israel, que debían ser los garantes de la justicia.

En el salmo responsorial, el autor inspirado despliega una hermosa alabanza a la ley de Dios, fuente de sabiduría para el que la acepta y la asume como guía e inspiración de sus actos.

La segunda lectura, tomada de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma, es una exposición breve y muy rica de la Providencia salvadora de Dios.

El evangelio, por su parte, nos presenta tres parábolas. Dos de ellas muy breves: la del tesoro oculto en el campo y la de la perla preciosa que un comerciante encuentra. La tercera, la de la red que los pescadores echan en el mar es, quizás, la más importante y guarda relación con la del trigo y la cizaña que meditábamos el domingo pasado.

En la red se recogen toda clase de peces, buenos y malos. La red es símbolo de la predicación evangélica y de la acción apostólica. La salvación, en efecto, se ofrece a todas las personas, sin distinción alguna.

La selección, el discernimiento de lo recogido, se realiza después, en la orilla. Los pescados buenos se colocan en canastas y los que no sirven se tiran. Este discernimiento, esta selección es una imagen del juicio final, en donde se dará la separación definitiva de los malos y los justos.

Los malos serán arrojados al horno ardiente. La cizaña, recordemos, atada en manojos, se la arrojará al fuego. El horno ardiente, el fuego, son símbolos de la pérdida definitiva de la amistad con Dios, de la comunión con Él; es la frustración de la obra salvadora y de la existencia personal de cada uno.

La invitación que propone este texto evangélico, es la de llegar a ser sabios y prudentes como el joven Salomón, podríamos decir a ser como un buen pescado que se coloca en las canastas, a ser como el trigo que se guarda en los graneros. ¡Acojamos de buena gana esta invitación!

El domingo pasado decíamos, a propósito de la parábola del trigo y la cizaña, que la corrupción impulsa a llamar bien al mal y mal al bien y que alienta a obrar desde esa confusión, desde esa mentira. Decíamos también que la corrupción es un mal y que perjudica a todos, especialmente a los más débiles y a los pobres.

Hoy, desde aquella parábola y la de la red y los peces, queremos señalar otro mal que se suma a la corrupción es la falta de una sanción social y legal a ese modo de proceder. Es lo que socialmente denominamos “impunidad”. La falta de esa sanción y de la debida reparación termina privilegiando siempre a los fuertes y prepotentes. En la Biblia, especialmente en los salmos, podemos ver el reclamo de las personas de bien frente al avasallamiento de los poderosos, junto a la indiferencia de muchos o, incluso, a su complicidad.

Hemos dicho en repetidas oportunidades, y seguramente lo seguiremos diciendo, que Dios es bondadoso y compasivo, que tiene una inmensa paciencia, y que siempre está dispuesto a perdonar. El Papa Francisco, por su parte, nos recuerda y enseña que el nombre de Dios es: “misericordia”

Pero la misericordia divina no implica, de ningún modo, que “todo da lo mismo en nuestro proceder, total… Dios perdona”. Para acceder a la misericordia de Dios se necesita -más aún, es absolutamente indispensable- la conversión personal, es decir, el arrepentimiento sincero, la desaprobación del mal obrado, y el propósito de un cambio efectivo de conducta, con la justa reparación, aunque sea en el límite de la existencia sobre esta tierra, como sucedió en el caso del “buen” ladrón, al lado de la cruz de Jesús (cf. Lc 23, 42-43).

Hay que tener presente, sin embargo, que quien está instalado en la corrupción, va a experimentar seguramente una enorme dificultad para concebir en su corazón esa actitud de sincera conversión, aunque siempre es posible. Basta querer y disponerse a recibir la ayuda que Dios no niega a quien se la pide. Y es que la corrupción es un obstáculo enorme para quien está enredado en ella. No es lo mismo ser pecador que ser corrupto. El pecador tiene más posibilidades de arrepentirse. El corrupto debe empeñarse muchísimo para lograrlo.

De todas maneras, al final, la separación entre el bien y el mal, es inexorable. Una palabra clara e ineludible del evangelio es que el mal, de ninguna forma, tendrá la última palabra.

En la vida social es propicio que esté presente la misericordia, pero ello no debe dar pie a pensar que da lo mismo tener cualquier comportamiento. La misericordia, ya lo señalamos, no es igual a un “todo da lo mismo”.

La actitud de pensar de que “todo da lo mismo” y de proceder en consonancia, encierra, además, una gran injusticia porque atenta contra el bien común; el bien común que permite y debe promover que todos, y cada uno, puedan desarrollar adecuadamente su vida y sus proyectos.

En la realización y vigencia de la justicia en la vida en sociedad también debe estar presente la misericordia, pero lo que se espera de la justicia, que es la responsable de aplicar la sanción legal a la corrupción, es que ella sea diligente, independiente, insobornable, y, valga la redundancia, que sea justa. Una justicia excesivamente lenta, que sea parcial, sesgada, no será justa, lo cual es una verdadera y penosa contradicción. La justicia, en efecto, debe dar tranquilidad y seguridad a la sociedad toda.

Las parábolas del tesoro y de la perla, por su parte, nos invitan a mirar lo que es bueno, lo que realmente vale la pena y a enamorarnos de ello, a apostar decididamente por la bondad. ¡No hay que tener miedo a ser buenos, diría el Papa Francisco!

El tesoro en el campo es una figura de la gracia, que es reconciliación y amistad con Dios y que es asimismo capacidad y disposición para una relación armoniosa con los demás, lo cual conduce a una vida verdaderamente digna y plena.

La parábola insinúa que uno se encuentra con ese tesoro gratuitamente, antes de realizar cualquier esfuerzo, y que es preciso reconocer, valorar, apreciar ese don y apostar todo por él. Por eso el hombre que lo encuentra, “lleno de alegría vende todo lo que posee y compra el campo”. No le da pena deshacerse de todo para tener ese precioso bien.

La de la perla de gran valor, por su parte, tiene un mensaje semejante, solo que aquí es importante la actitud de búsqueda del negociante. El reino sigue siendo una gracia, se la encuentra, pero la búsqueda, que también es una gracia, ha contribuido al encuentro. También el agraciado con ese hallazgo, “fue a vender todo lo que tenía y la compró”.

La parábola del tesoro y la de la perla representan lo que la Providencia salvadora de Dios prepara para todos y ofrece con generosidad. Es una invitación a elegir y a perseverar en esa elección. Acojamos con alegría esta invitación.

Elegir esa invitación y perseverar en ella es posible porque Dios, en su misericordia, nos capacita para ello. Es la enseñanza del apóstol san Pablo en el pasaje de su carta a los romanos, que ha sido proclamado en la segunda lectura. Dios desde siempre nos ha destinado a ser sus hijos, nos ha llamado, nos ha justificado, y nos ha dado la prenda de la participación en su gloria.

Es lo que sucedió en nuestro bautismo y que debemos conservar con nuestro esfuerzo y fidelidad a través de una respuesta generosa a la obra de Dios en nosotros, que siempre nos “primerea” con su gracia ofrecida con abundancia.

Hoy también es la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, los padres de la Santísima Virgen María y los abuelos de Jesús. Recordamos con cariño a todos los abuelos y rezamos por ellos. También ellos pueden enseñarnos a elegir siempre la bondad y a mostrarnos que en la vida, realmente vale la pena ser buenos.

Celebramos esta Eucaristía dominical en la parroquia que honra a santa Inés, mártir a comienzos del siglo IV, a los doce o trece años de edad. Como señala san Ambrosio en uno de sus escritos: cuando las niñas, sus contemporáneas, todavía estaban jugando, esta jovencita no dudó en ofrecer su vida como testimonio de su adhesión a Jesús. Una adhesión que ella consideró como su tesoro escondido y su perla preciosa.

Como santa Inés, elijamos decididamente a Jesús, abracemos sinceramente su enseñanza y pongámosla en práctica. Que Jesús sea, también para nosotros, nuestro tesoro y nuestra perla preciosa.

Miremos, por fin, confiadamente a María Santísima, la Reina de los mártires, que escuchó, guardó y meditó la Palabra de Dios y desde su corazón, lleno de sabiduría, eligió y perseveró y en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Hagamos nosotros también otro tanto. Que así sea.

+ Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba

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Padecemos el virus de la corrupción

Argentina. Monseñor Ñáñez: padecemos el virus de la corrupción.

 

 

El virus de la corrupción perjudica “a los más débiles y pobres”, los “usa”, les da “migajas” sin importarle nada su verdadero bienestar y dignidad. Es un verdadero escándalo en un país potencialmente rico como la Argentina: así el Arzobispo de Córdoba, Monseñor Cárlos Ñañez, en la homilía de la misa en el domingo 19 de julio, exhortó a no “transar con la mentira”, ni “pactar con el mal”, y a no “aceptar” los “escándalos” de los que habla el mismo Jesús. Debe haber – dijo Ñáñez – una decidida voluntad social de oponerse a la corrupción, reflejo de las actitudes personales.
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Homilía de Mons. Ñáñez: “el virus de la corrupción”

Homilía de Mons. Ñáñez: “En nuestra Argentina, padecemos otro virus tan o más grave, el virus de la corrupción”

 

Fragmento de la Homilía de la Santa Misa Radial (19. 07. 20)

 

 Algunas consideraciones a propósito de la explicación de Jesús de la parábola del trigo y la cizaña y de algunas situaciones que nos tocan vivir en nuestra Patria.

En estos días en nuestro país sufrimos el flagelo de la pandemia del coronavirus que pasa entre nosotros, dejando su huella de sufrimiento y de muerte y varias consecuencias más.

Pedimos por el eterno descanso de los que han fallecido y por la pronta y feliz recuperación de los que están enfermos. Oramos también por las autoridades y por los agentes sanitarios que luchan con esfuerzo para contener y superar efectivamente las consecuencias del virus.

Pero en nuestra Argentina, y desde hace ya muchos años, padecemos otro virus tan o más grave, el virus de la corrupción.

La corrupción hace llamar bien al mal y mal al bien, animando al que cede a ese vicio a obrar en consecuencia. El profeta Isaías ya denunciaba este mismo mal en el antiguo Israel (cfr. Is 5, 20). ¡Por tanto, no somos originales!

Nuestro drama como argentinos es que por momentos pareciera que no hay disposición de luchar contra este virus de la corrupción. Es como si nos afectara la ceguera o la sordera, de la que hablaba Jesús el domingo pasado, citando también al profeta Isaías (cfr. Is 6, 9-10).

Para luchar efectivamente contra este virus, debe haber una decidida y constante reacción personal: no transar con la mentira, no pactar con el mal, no aceptar los “escándalos” de los que habla Jesús. No aprobar lo que es incorrecto, ilegal, no festejar de ningún modo al que obra de esa manera. Más bien, se trata de “ahogar el mal en abundancia de bien”, como nos decía san Juan Pablo II, en su visita a Córdoba en abril de 1987.

Junto a la reacción personal, debe haber también una decidida voluntad social de oponerse a la corrupción, reflejo de las actitudes personales. Se debe reconocer la presencia de este mal y no permitir que la conciencia, ante él, se adormezca, se anestesie, lo naturalice. No se debe tolerarlo de ningún modo.

No se debe buscar “sacar ventajas” de la corrupción, en sus diversas concreciones, en provecho propio. Al contrario, se debe forjar entre todos un clima común que impulse y anime a vivir en la verdad y a practicar el bien, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes e importantes. “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho”, dice el Señor Jesús (Lc 16, 10).

Los reclamos legítimos que puedan tener lugar, por su parte, deben atender siempre al bien de toda la sociedad, al bien común, por encima de todo interés sectorial o personal.

La responsabilidad social para superar la corrupción debe manifestarse, especialmente, en el momento de discernir y emitir el voto en las elecciones; un voto que debe ser enteramente libre y responsable. No se debe apoyar con el sufragio al que no se compromete a luchar contra la corrupción o transa con ella. A quien resulte elegido, se le debe pedir cuenta, respetuosa y legítimamente, de ese compromiso.

El apóstol san Pablo nos enseña que el Espíritu Santo nos ilumina y nos asiste en nuestra oración. Conscientes de esa ayuda, pidamos a Dios nuestro Señor el fin de la pandemia que aflige a nuestra Patria y a muchos pueblos en el mundo.

Pero pidamos, también, la fortaleza para superar el virus de la corrupción que perjudica a los más débiles y pobres, que los usa, que les da migajas sin importarle nada de su verdadero bienestar y dignidad, que no los socorre, ni mucho menos los promueve de veras, sacándolos de la pobreza, que es un verdadero escándalo en un país potencialmente rico, como el que Dios nuestro Señor, en su Providencia, nos ha regalado a los argentinos.

Celebramos esta Eucaristía en esta comunidad parroquial que honra a la Santísima Virgen María en sus títulos de Nuestra Señora del Carmen y su Inmaculado Corazón. Ese corazón que, precisamente, escuchaba la Palabra de Dios, la guardaba con cuidado y se empeñaba en practicarla con perfección.

En la práctica fiel de la Palabra de Dios está la verdadera libertad a la que aspiramos sinceramente y que debemos cuidar y acrecentar entre todos.

A María Santísima nos encomendamos y le pedimos que interceda especialmente por todos nosotros y por nuestra Patria. Que así sea.

+  Carlos  José  Ñáñez

Arzobispo de Córdoba+

Texto en PDF Fragmento de la Santa Misa Radial 19-07-20

 

PROTOCOLO DE FLEXIBILIZACIÓN DE LAS IGLESIAS Y TEMPLOS DE CULTO EN LA PROVINCIA DE CÓRDOBA

 

 

NO VALIDO EN ZONAS DECLARADAS COMO ROJAS por el COE provincial de Córdoba.

 

Vigente para toda la provincia de Córdoba

15-07-2020

FINALIDAD

 

Dentro del esquema de flexibilización del aislamiento social preventivo y obligatorio fijado por el Poder Ejecutivo Nacional mediante Decreto Nacional Nro. 459/20, y sus atribuciones otorgadas al Jefe de Gabinete de Ministros como “Coordinador de la Unidad de Coordinación General del Plan Integral para la Prevención de Eventos de Salud Pública de Importancia Internacional”, para la implementación progresiva y escalonada de las distintas actividades, se instrumenta a través del presente, la apertura de las iglesias y templos de culto.

 

A modo ilustrativo, el presente vídeo ( 2.30 min) nos brinda un tutorial sobre las mediadas a tener en cuenta:

 

 

 

 

Descargar en PDF los Protocolos :

ANEXO-58-PROTOCOLO-DE-CULTOS 

 CULTO-APENDICE-1-ANEXO-58-IGLESIAS-Y-CULTOS

 

De Babel a Pentecostés

De Babel a Pentecostés

Algunos aportes para la reflexión y

 propuestas para la post-pandemia.

 

Queridos hermanos y comunidades.

 

Luego de las reuniones del Arzobispo con los decanos realizadas por Vicarias zonales y asesores de las Comisiones arquidiocesanas que participan del Consejo Presbiteral, todos de forma virtual; y teniendo en cuenta las propuestas que allí han surgido y los aportes de algunos sacerdotes, les ofrecemos este material de reflexión para el trabajo con los distintos ámbitos de discernimiento comunitario que poseen en sus diversas comunidades e instancias eclesiales.

 

Estos aportes para la reflexión y propuestas para la post-pandemia “De Babel a Pentecostés” nuestro Arzobispo desea encarecidamente que sean trabajados en este tiempo. Lo hagamos a la luz de los cauces y propuestas surgidos en el XI Sínodo Arquidiocesano.

 

 

La pandemia que atravesamos provocó en nosotros una serie de cambios vitales, modificaciones en nuestros hábitos de vida, y en la forma de percibirnos y de relacionarnos.  Nos llevó a la necesidad de aislarnos y de tomar distancia del otro. Nos llevó incluso a desconfiar o a tener miedo.

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