Comunicado ante la situación en Venezuela

 

La Conferencia Episcopal Argentina se une a la Iglesia y a todo el pueblo venezolano en este momento difícil para el país hermano.

De manera particular queremos adherir a las diversas intervenciones del Papa Francisco y sus pedidos de oración, reiterados en las últimas horas a través de un comunicado de la Santa Sede.

Como lo expresamos en mayo último en una carta enviada a los obispos de Venezuela, “sentimos más que nunca que las palabras que nos recuerda el Santo Padre: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9), nos interpelan y deben ser también una invitación al pueblo argentino a acompañar el sufrimiento de los venezolanos e intensificar nuestra oración para que Dios otorgue el don de su paz”.

Renovamos nuestro apoyo y cercanía a la Iglesia venezolana y nos unimos a las palabras de sus pastores: “desde el fondo de nuestro corazón y como expresión de fraternidad surgen dos expresiones muy humanas y cristianas: un “no matarás” física o moralmente en forma de violencia y represión que generan muertos, heridos y encarcelados; y un “cultiva la vida” en medio del pueblo por la solidaridad que comparte el pan, el medicamento, la vida en común, la verdad que enaltece, el bien que nos hace mejores, la fe que siembra esperanza” (Comunicado de la CEV, 27/7/17).

Que Dios y la Virgen bendigan a Venezuela y que los argentinos podamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para colaborar con los hermanos que sufren esta situación.

Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina
4 de agosto de 2017

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Mensaje de los Obispos “Para que todos tengan vida en abundancia…”

 

Como Iglesia Católica que está en Córdoba queremos expresar nuestro profundo dolor por los hechos acontecidos el jueves pasado por la tarde en Barrio Müller de nuestra ciudad. Lamentamos muchísimo la pérdida irreparable de una vida joven, nos duele la situación que afecta al P. Mariano Oberlin y a Martín, su custodio. A todos ellos, a sus seres queridos y a la comunidad parroquial de la “Crucifixión del Señor”, los encomendamos en nuestras oraciones.

Junto a nuestra oración queremos manifestar nuestra cercanía y nuestro acompañamiento a todos ellos en el dolor. A su vez, queremos recordar una vez más que la propuesta de Jesús es “que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia” (cf. Jn. 10, 10). Apoyándonos en las palabras del Señor, cuyo nacimiento nos preparamos a celebrar, queremos reafirmar nuestro propósito de trabajar para superar divisiones, enfrentamientos, estigmatizaciones y exclusiones que generan resentimientos, rencores y una violencia cuyas consecuencias padecemos todos dolorosamente.

Al Santo cura Brochero que tanto trabajó por favorecer condiciones de vida dignas para todos y que tan cerca estuvo de los que sufren le encomendamos esta situación pidiéndole que ruegue ante “su” Purísima para que podamos vivir una Navidad serena y construir una Patria cada vez más fraterna.

+ Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba

+ Pedro J. Torres

+ Ricardo O. Seirutti

Obispos Auxiliares de Córdoba

Una fecha para no olvidar

El próximo 24 de marzo se cumplen cuarenta años de la ruptura del orden constitucional y del estado de derecho. Un hecho que nunca más se debe repetir ni podemos olvidar.

Era un momento complejo y difícil para toda la sociedad. Argentina vivía una escalada de violencia que culminó en el terrorismo de estado, protagonista de crímenes de diversa índole, entre ellos: la tortura, el asesinato, la desaparición de personas y el secuestro de niños.

Los argentinos no podemos dejar de preguntarnos cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia. Sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte aún permanecen y se nos presentan como un pasado que tenemos que afrontar y sanar.

La vuelta a la democracia marcó el inicio de un camino de verdad, de justicia y de encuentro entre todos, que urge seguir transitando, para alcanzar la concordia y la amistad social.

El reconocimiento del valor de la vida, de la dignidad y de los derechos inalienables de la persona constituye la base indispensable de toda convivencia humana y del destino feliz de un pueblo.

La memoria del 24 de marzo, este año, coincide con la celebración del Jueves santo, día de dolor y de traición, pero también día en que Jesús manifestó su amor hasta el fin entregando la vida por nosotros. En su Sangre hemos sido reconciliados. “Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14) y el fundamento de una esperanza que nos impulsa a construir una sociedad auténticamente humana.

Su ejemplo nos ayuda a cicatrizar nuestras heridas en la verdad, el arrepentimiento, la reparación en justicia y el anhelo de alcanzar misericordia.

 

173º reunión de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 14 y 15 de marzo de 201

La Patria es un don, la Nación una tarea.

1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.

2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”1 . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.

3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”2 . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.

4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.

5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”3 . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.

155º Comisión Permanente
Buenos Aires, 10 de marzo de 2010

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1. Cea. “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad. 2010-2016”, n°35.
2. Cea. “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”, n°11.
3. Salmo 28 (27) 8-9.