Santa Misa en aislamiento social preventivo

SANTA MISA

a propósito de la prolongación del aislamiento social preventivo

 

 

Quiero invitar a la comunidad católica, especialmente a la que reside en la ciudad de Córdoba, a asumir con grandeza de alma, con paciencia y fortaleza, el esfuerzo prolongado que se nos pide a propósito de la pandemia, es decir, el aislamiento social preventivo.

Dicho aislamiento social implica postergar las celebraciones litúrgicas comunitarias. Conviene precisar que la decisión acerca del aislamiento y de sus implicancias es competencia de las autoridades públicas, responsables del bien común.

La necesaria postergación de las celebraciones comunitarias es un esfuerzo para todos los fieles: los laicos, los consagrados y los pastores. También a nosotros, los obispos y sacerdotes, nos da pena y nos demanda un esfuerzo especial el no poder presidir las celebraciones habituales, especialmente la de la Eucaristía.

Los obispos de la Provincia de Córdoba presentamos en el Comité de Operaciones de Emergencia provincial (COE) un proyecto de protocolo para las celebraciones comunitarias el día sábado 6 de junio. Nos prometieron estudiarlo en seguida. Nos respondieron el día miércoles 10 de junio, autorizando las celebraciones en las zonas denominadas “blancas”, sobre todo en el interior de la Provincia; pero no todavía en las zonas denominadas “rojas”, sobre todo la ciudad de Córdoba.

La actitud de los miembros del COE provincial fue muy respetuosa, deferente y atenta a lo que solicitábamos, valorando la importancia de la dimensión espiritual en la vida de las personas, especialmente en los momentos difíciles. Nos manifestaron, asimismo, la intención de flexibilizar el aislamiento y autorizar las celebraciones comunitarias en la ciudad, apenas fuera ello posible. Además, cabe señalar que durante todo este tiempo, hemos mantenido contactos frecuentes con el COE provincial.

La preocupación de las autoridades se centra en la alta contagiosidad de este virus, especialmente en las reuniones numerosas, en los desplazamientos de las personas y en las aglomeraciones de las mismas.

En las flexibilizaciones que ya están en vigencia, y en las que se autoricen en el futuro, las autoridades públicas recomiendan vivamente observar las precauciones sanitarias.

El Santo Padre, por su parte, en más de una ocasión ha señalado la importancia de observar las normas dictadas por las autoridades públicas, aunque fueran un tanto incómodas, y él mismo las ha observado cuidadosamente. También nos ha recordado que todos estamos en la misma barca durante esta tormenta y que todos debemos remar conjuntamente.

Menciono también el testimonio del Arzobispo de Madrid, lugar en donde los contagios del coronavirus fueron numerosos y, en muchos casos, con consecuencias trágicas. El Cardenal Carlos Osoro decía: “Como he repetido en más de una ocasión, no fue fácil suspender el culto con el pueblo porque la celebración de la Eucaristía es central en nuestra fe, pero garantizar la salud pública es un deber moral. Fue una decisión prudente y, con la misma prudencia, es una alegría ver cómo la gente vuelve a los templos poco a poco cumpliendo las pautas higiénicas y sanitarias”.

Finalmente, invito a todos a valorar grandemente realizaciones logradas durante el aislamiento social preventivo. Entre ellas: el redescubrimiento de la familia como verdadera “Iglesia doméstica”; la centralidad de la Palabra de Dios, leída con atención y en clave de oración por parte de muchas familias y personas en particular; la manera de participar de las celebraciones virtuales de la Eucaristía: por la disposición de altares familiares, por los gestos durante la celebración, por las maneras de vestirse para unirse a la celebración Todo lo cual nos ayudará ciertamente para que cuando volvamos a las celebraciones presenciales de la Eucaristía, dejemos de lado maneras rutinarias que adormecen y desmotivan la participación consciente, activa y fructuosa que nos pide la Iglesia.

 

+ Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba.

 

Fray Mamerto Esquiú

 

 

 

Sermón pronunciado por Fray Mamerto Esquiú en la Iglesia Matriz de Catamarca el 9 de Julio de 1853

 

“Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad; existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que dios libre eternamente a la república argentina; y concediéndonos vivir en paz, y en orden sobre la tierra, nos dé a todos gozar en el cielo de la bienaventuranza en el padre, en el hijo y en el espíritu santo, por quien y para quien viven todas las cosas”.  Amén.

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Oficina estable para recibir noticias sobre eventuales abusos.

 

 

Oficina estable para recibir

noticias sobre eventuales abusos.

 

Les presentamos el Decreto del Arzobispo por el cual se crea la “Oficina estable para recibir noticias sobre eventuales abusos” en la Arquidiócesis de Córdoba a fin de poder derivar y acompañar posibles casos que se presenten en los ámbitos que acompañamos pastoralmente.

 

 

Decreto del Arzobispo para descargar en PDF