PASTORAL DE LA DIVERSIDAD

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Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona

 

“Es justo que haya fiesta y alegría,

porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida,

estaba perdido y ha sido encontrado”

[Lc. 15, 32]

Las personas buscan sus libertades y muchas veces piensan que Dios se las quita. Empiezan por alejarse del Padre, cuyo amor no han entendido y cuya presencia se les hace pesada.

Los hijos vuelven. Al volver descubre que el Padre es muy diferente de la idea que de él se había forjado, pues lo estaba esperando y corre a su encuentro; lo restablece en su dignidad, borrando el recuerdo de la herencia perdida. Y se celebra el banquete del que Jesús había hablado tantas veces.

Al final comprendemos que Dios es Padre. Él no nos ha puesto en la tierra para cosechar méritos y premios, sino para descubrir que somos sus hijos. Dios no se sorprende de nuestras maldades, pues al crearnos libres aceptó el riesgo de que cayéramos. Y a todos nos acompaña en nuestra experiencia del bien y del mal, hasta que pueda llamarnos hijos suyos, gracias a su único Hijo, Jesús.

Com. Biblia Latinoamericana.

Ante todo, deseamos compartirte que la Pastoral de la Diversidad, en el contexto de Iglesia en salida hacia las periferias que necesitan la luz del Evangelio [cf. EG 20], es una pequeña y germinal comunidad de personas que caminan juntos construyendo puentes en respeto, compasión y sensibilidad [cf. CatIC 2358]. En otras palabras, esta acción, animada y conformada por miembros de distintas comunidades, tiene como fin tender puentes creando y recreando ámbitos integradores e inclusivos más semejantes a los de Jesús.

 

En consecuencia, es necesario un cambio de mentalidad, de mirar con ojos blandos y principalmente de abrir nuestro corazón. Más aún, el Maestro Jesús de Nazaret nos muestra permanentemente “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” [Mc 1, 15]. Por un lado, esta transformación denominada conversión [del griego, meta: más allá y noia: mente], en labios de Jesús es una invitación a cambiar nuestra mente y nuestro corazón. Por otro lado, en la misma línea esta indicación fue el consejo del apóstol Pablo: “Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cual es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” [Rm 12, 2].

 

Esta es nuestra invitación: CAMBIAR NUESTRA MENTE Y NUESTRO CORAZÓN tendiendo puentes con el colectivo LGTBI.